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lunes, 19 de septiembre de 2011

Egipto

Aunque la cosmovisión egipcia parece bastante gráfica e incluso un tanto plana de acuerdo a una muy estricta y probablemente breve revisión estética-pictórica, tiene una infinidad de vertientes y puntos de apreciación, desde su estructura de lenguaje, su historia, su capacidad armamentista, su noción respecto a la mujer como gobernante, su manera de pensar respecto a los muertos y su trascendencia a un plano más allá del nuestro, la manera de llevar la vida cotidiana, de interactuar con la naturaleza, de servirse y servirla a ella, etc. Su capacidad de síntesis gráfica (sencillez), permite convertir elementos muy sencillos en piezas hechas bajo su inspiración plagadas de tantos significantes como sus muros de jeroglíficos.
            Si bien es cierto que John Galliano hizo una presentación de alta costura en la primavera de 2004, bajo el techo de la casa Dior, llena de piezas espectaculares, maquillaje dramático y posturas que volvían totémicas las siluetas de las modelos; probablemente esta idea de alta costura vista casi como un disfraz no sea el mejor ejemplo de la elegancia que el Monsieur Dior pretendía mostrar al iniciar su empresa, sino de la capacidad de un diseñador para llamar la luz de los reflectores no sólo de la pasarela sino de la prensa en general y de lograr el exotismo que la necesidad de lujo del ser humano busca casi siempre. Supongo que la búsqueda del nuevo milenio, de la sobreexplotación de los materiales y las capacidades intelectuales de desarrollo no sólo de la industria de la moda, sino de todas las industrias, para comprobar que ya habíamos alcanzado el futuro, llevaban a esta clase de colecciones un tanto escandalosas más que hermosas y femeninas (propiedades del modelo de mujer propuesta por la mano y visión de Christian Dior), y no con ello digo que los cambios sean negativos o en detrimento de la casa de moda a quien se representa, sólo expreso esa hambre de nuevo milenio que aún se dejaba sentir para entonces. Por otra parte, siendo congruentes con alguna de las perspectivas de análisis del pueblo egipcio, la idea de los gobernantes vistos como una divinidad resulta bastante clara, y no lo digo por la máscara de Anubis, quien aparece en un vestido, sino por lo impresionante de los materiales metálicos, el reflejo de la luz que impacta al espectador como el campesino que ve a su Faraón iluminado por los destellos del Sol sobre sus ornamentos.
No es esta colección en la que quiero hacer hincapié, se trata de una un poco más sencilla presentada en la Semana de la Moda de Londres en Agosto de 2010 planeada para la casi ya finita temporada Primavera-Verano 2011. La diseñadora Ada Zanditon presentó    Pyramora, colección que se adjudicó el Ethical Fashion Forum Innovation Award por el uso de textiles de fabricación y comercio justo, además de ser patrocinada por Ecover, (marca de productos de innovación tecnológica para la preservación del medio). Zanditon utilizó más la cosmovisión egipcia de las construcciones arquitectónicas que representan esta idea de muerte y resurrección, culminación y trascendencia aunadas al resurgimiento de arrecifes de coral de la región que gracias al cuidado que los locales ha estado ofreciendo para proteger las áreas de la, en diversas ocasiones, mal manejada industria del turismo. 
El concepto más abstracto de la pirámide se emplea una y otra vez en diversos caminos tanto en las formas de la silueta como en los ornamentos o en detalles que podrían no parecer tan significativos como el peinado en la pasarela, pero que bien aplicados resultan los complementos perfectos. Aquí es donde para mí se logra uno de los mejores elementos de toda la presentación: el maquillaje, donde las modelos son apenas rozadas por un todo de dorado brillante, siempre recordando esa magnificencia del oro atado a lo divino y al estrato más alto, pero de una forma llena de elegancia, sencillez y sobriedad, acomodándose alas áreas donde la luz favorece a la forma del rostro y ese brillo metálico se vuelve útil y no sólo ornamental.



Por: E. Jimmar Vasquez De la Rosa
Fuentes: 

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